El 5 de enero de 1968, Alexander Dubcek llegó al poder, comenzando así lo que más tarde fue conocido como “la Primavera de Praga”, fue un período de liberalización política en Checoslovaquia durante la Guerra Fría.

Corría la década de los años 60 y Europa del Este estaba bajo dominio de la URSS. Checoslovaquia era una nación controlada por los soviéticos quienes ocuparon el país durante la Segunda Guerra Mundial. A principios de esta década era oficialmente reconocida como República Socialista Soviética de Checoslovaquia y en esa época atravesaba una severa crisis económica, como todas las propiciadas por la injerencia comunista.

Por esos días surgió un político de origen eslovaco, Alexander Dubcek, a partir de allí las cosas comenzaron a cambiar en Checoslovaquia. El 5 de enero de 1968, Dubcek llegó al poder, comenzando así lo que más tarde fue conocido como “la Primavera de Praga”, fue un período de liberalización política en Checoslovaquia durante la Guerra Fría, que se prolongó hasta el 20 de agosto de 1968.

Este movimiento buscaba modificar los aspectos totalitarios y burocráticos que el régimen comunista había implementado en este país, lo cual le permitiría avanzar hacia una forma no totalitaria de socialismo, legalizando la existencia de múltiples partidos políticos y sindicatos. En abril, Dubcek lanzó un Programa de Acción de liberalizaciones, que incluía el aumento de la libertad de prensa, de expresión y de circulación. En lo económico, enfatizaba en la producción y distribución de bienes de consumo y en lo político, abría las compuertas a un gobierno multipartidista.

Las ideas reformistas del nuevo mandatario checo eran del agrado de su nación que había estado sometida por el peso de la bota de una dictadura sangrienta. Según el propio Dubcek, sus ideas se resumían en “tener un socialismo con rostro humano”. En los primeros meses de gobierno los medios de comunicación comenzaron a funcionar con fluidez, la televisión y la radio volvieron a emitir opiniones políticas. Al mundo democrático le parecía un paso adelante en la defensa de los derechos humanos. El fin de la censura y la rehabilitación de presos políticos, eran solo algunos de los hitos de ese efímero sueño democrático.

La legalización de partidos políticos y sindicatos, el derecho a huelga, entre otros beneficios encontraron aliento en el nuevo gobierno. Entre las conquistas políticas y sociales logradas en la Primavera de Praga destaca la rehabilitación de intelectuales de renombre, un paso que siguió a la vuelta a las librerías de sus obras. El arte plástico fue testigo del retorno de las vanguardias checas, ignoradas durante la década anterior por ser consideradas exponentes de la decadencia burguesa.

Vientos democráticos soplaban en favor de Dubcek. Las autoridades soviéticas con Leonid Brézhnev a la cabeza, estaban expectantes ante los hechos que ocurrían, ya que, su hegemonía comenzaba a tambalearse, y los demás países de Europa del Este estaban muy atentos a lo que sucedía en Checoslovaquia. El bloque comunista con los cinco del Pacto de Varsovia a la cabeza: URSS, Hungría, Bulgaria, Polonia y la RDA, comenzaron a recelar de Dubcek. La pólvora estalló el 20 de agosto de 1968, cuando más de 200 mil soldados y 2.300 tanques del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia, acabando así con la Primavera de Praga, periodo que apenas duró ocho meses.

Las fuerzas checoslovacas no pudieron hacer nada para evitar la invasión. El propio Dubcek llamó a su pueblo a no resistir, a pesar de que sucedieron algunos episodios violentos en las calles. El mandatario fue destituido y nombrado oficial forestal, un cargo que le permitía cuidar, podar y dar mantenimiento a los parques checos. Los comunistas controlaron nuevamente el poder y solo lo cedieron cuando la crisis alimentaria adquirió ribetes dramáticos, las tierras dejaron de ser productivas y la oración de Juan Pablo II les redujo el poder político. La Primavera de Praga fue un acontecimiento simbólico que sirvió para que muchos países comunistas de occidente iniciaran un proceso de ruptura con las ideas de la Unión Soviética.

Mientras atravesamos un duro y frio invierno, añoramos la llegada de la primavera porque esta es la estación del año asociada con la juventud y el amor. No en vano se le dice a alguien que está joven: tiene pocas primaveras. En esta etapa del año vuelve a brillar el sol, los pájaros nos regalan sus trinos, las flores nos entregan su aroma y comienza el palpitar de otras fuertes emociones. Para un país, la primavera representa la idea de renacimiento porque le muestra en perspectiva, un futuro de luz y esperanza y lo ayuda a transitar por los caminos de la paz. A través de ella, las personas vuelven a sentirse vivas, libres y con deseos de alcanzar un destino de dicha y prosperidad. Por eso, aunque nosotros solo tenemos 2 estaciones, desde mi trinchera opositora, añoro y espero la llegada de la primavera a mi adorado país, porque estoy convencido que tal como le dijera, a los dictadores de su época, el poeta comunista, Pablo Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero nunca podrán detener la primavera”.

Coordinador nacional del Movimiento Político Gente

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